lunes, 19 de marzo de 2012

Ernesto (y la importancia de llamarse así)

Ernesto tiene dos oficios que son lo más de lindos:  es jardinero y aprendiz de maestro chocolatero.  En realidad tiene tres oficios, sólo que el que no mencioné es tan super secreto, que tuve que insistirle mucho para que me dejara contarlo.  Ya se van a enterar...
Jardinero, como su abuelo Martín.  
Le encantan las flores y, como no tiene ninguna alergia, puede andar todo el día de acá para allá sin soltar ni un mínimo estornudo.  Beneficio de unos pocos, él lo aprovecha para trabajar todo el tiempo que puede en el cuidado de las plantas... y envolverse en los aromas que esto le regala.
Pero además, es otras dos cosas, muy vinculadas entre sí:  
Un día se presentó en una chocolatería, como modelo vivo para Conejo de Pascuas.  Y resultó que, posando para que hicieran el molde, empezó a sentirse cautivado por el perfume del chocolate y quiso averiguar de qué se trataba. Y se imaginaran lo que pasó:  quiso quedarse a aprender como hacerlo y como preparar esas ricuras que después nosotros comemos y sentimos que somos felices para siempre... no me van a decir que nunca les pasó eso con un bocado (o muchos) de chocolate.
Ya siendo aprendiz, le pasó que, para unas Pascuas, lo mandaron a entregar unos huevos "hermosamente decorados" (así decía la caja, él no pudo verlos) a un lugar muy misterioso del que no podemos dar más detalles... Y  apenas lo recibieron lo contrataron justamente como repartidor de huevos de Pascua.
Aquí en Argentina, esta costumbre de los conejos que esconden los huevos para los chicos no está muy arraigada, pero hay otros países en que sí... y como sucede con la Navidad, el centro de distribución de felicidad es universal, así que no importa de donde seas, si tenes actitud y el espíritu generoso, el trabajo es tuyo.
Ese es el tercer oficio de Ernesto.  Él no lo menciona porque, además de ser secreto (como ya les anticipé), es un trabajo que dura unos pocos días al año, entonces tampoco es para agrandarse.
A Ernesto lo hace feliz, porque hubiera querido ser ayudante de Santa, pero parece que ya estaba colmado el cupo.  Por eso se viste de rojo y blanco.
Y cuando termina la temporada de reparto, vuelve a la pastelería y al jardín... y canta bajito la canción de Marie Elena:  "...del jardín soy duende fiel, cuando una flor está triste, la pinto con un pincel y le toco el cascabel"


sábado, 10 de marzo de 2012

Clarita

Hija menor de una prestigiosa pareja de baladistas y la menor de 5 hermanos, Clarita vive y respira música.
Cuando era muy pequeña, toda la familia participaba en festivales de música, y los llamaban "los Von Trapp de la Patagonia".
Así, aunque tímida en la vida cotidiana, se fue acostumbrando a los escenarios. Ganó el premio mayor en el certamen Scarpino d'Oro (una versión local del zecchino d'oro italiano), y, más tarde estuvo a punto de salir revelación en Cosquín, con su grupo folclórico "Poncho Salteño".
En la escuela siempre la convocan para el coro, y es una solista destacada por los altos beeeemoles que logra.
Vegetariana activista,  fan de los Chalchaleros y "La llama que llama", cuando le preguntas por el estilo musical que prefiere, asegura que le gustan todos, y hasta se anima a algunas canciones del folclore popular de otros países.  De hecho está permanentemente incursionando en otros géneros musicales, y ya participó de algunas grabaciones para el nuevo disco de jazz & blues de la banda "Cotton Fields", formada por sus hermanos mayores.
Pero su proyecto a futuro, apenas termine la escuela, es dejarse las rastas y grabar un disco homenaje a Bob Marley...  Gustos son gustos.  Yo lo compraría.