Psicóloga en NO EJERCICIO de la profesión, a veces me permito hacerme una terapia baratita, a gusto del consumidor.
En realidad, dejé de ir a mi analista, que me encantaba, porque mi bolsillo dijo: "mira, vamos a hacer así, por un tiempito suspendes.. así a mi no me dejas tan flaco y vos aprendes a sobrellevar un poquito tu neurosis solita, que no estaría nada mal a esta altura de la vida". Y me pareció una propuesta aceptable.
Así que por el momento, también tengo que dejar de decirle a mi madre:
yo era una infeliz, pero en terapia me di cuenta que vos tenías la culpa de todo.
(Obviamente mi madre nunca se hizo cargo... mejor así).
Entonces hoy, en sesión improvisada, pensé cómo era cuando era chica, qué cosas lindas podía recuperar, para tener un poco más de la la niña que fui.
Y me acordé que cuando era chica...
... muuuy chica, aparte de tener un vozarrón que daba a fumadora empedernida y unos rulos divinos que ya quisiera tener ahora, tenía la asquerosa costumbre de tomarme los cafés que quedaban en las mesas de los bares. Mi mamá me tenía que vigilar mucho porque en cualquier descuido... zas, ahí estaba Marcelita en la mesa de al lado empinando la taza.
De eso me quedó solamente la adicción al café, porque ni que me paguen comparto una taza con alguien, así me lo traigan a
George Clooney con la Nespresso.
... si no tomaba cafés, juntaba piedritas del suelo y me las llevaba a la boca como Sugus Confitados.
Ay, de sólo pensarlo se me llena la cabeza de hipocondría virósica!!
... cantaba tan horrible pero feliz, que mi familia me hacía repetir mis canciones favoritas mil veces (aunque sospecho que se reían con mi interpretación). Conservo testimonio grabado de eso, y asumo la total responsabilidad de los daños ocasionados en oído externo, medio e interno de los que me alentaban a cantar.
Ahora, me sigue haciendo feliz cantar, pero lo hago bajito porque siento que nunca le atino a las notas y no quiero que nadie se ria de mi.
Y eso que hace 6 años tomé unos meses clases de canto y mi profe me tenía fe!
... me encantaba dibujar y pintar. Tanto que mis papas me regalaron para mi comunión una caja de acuarelables Carand'Ache, que todavía tengo. Obvio que los colores que me gustaban quedaron chiquitos, y hay otros que están casi sin tocar.
De grande, cuando hice cursos de ilustración, nunca pasaba del boceto al color. Y si lo hacía, nunca, pero nunca, me gustaban los colores elegidos.
... era tan desordenada que una vez, los Reyes Magos me dejaron una nota espantados del lío que habían encontrado cuando fueron a buscar el agua y el pasto... y yo me morí de la vergüenza.
Pero nunca logré ser ordenada. Lo deseo, pero hay algo más fuerte que me lo impide!
... cuando jugaba a las muñecas con mi hermana, yo montaba una representación teatral casi, como si fueran marionetas. A mi hermana le gustaba tirarse en la cama de al lado y mirar, y reirse.
Creo que si pudiera, haría un curso de titiritera... porque dar la cara, eso si que no.
... me encantaba leer, tanto como ahora. Sólo que antes no discriminaba y leía lo que fuera, a riesgo de arruinar mi infantil e inocente cabecita con una novela "para grandes".
Ahora que puedo elegir... me encantan los libros infantiles con buenas ilustraciones!
... con esto de que siempre me gustó dibujar, que parece que lo hacía bien, mi mamá decidió mandarme a dibujo, pero alguien le dijo que no me mandara, que me iban a sacar la espontaneidad.
Menos mal. Para qué darles ese trabajo a los otros, si yo puedo perderla sola?
En fin, la lista es más larga, pero ya hasta yo tengo sueño. Lo mejor? Encontré que en algún lado están las herramientas, me falta la llave (aunque este blog y algunos amigos pueden llegar a oficiar de cerrajeros).